Cine y música

Almería, tierra de cine y de guitarra

La misma luz que sedujo a los grandes rodajes internacionales desde los años cincuenta afinó también otra historia: la del taller donde se fijó la guitarra clásica moderna y la del cante que subió de las minas. Esta es la ciudad como plató y como caja de resonancia.

La Almedina y las murallas de Almería iluminadas al anochecer, como un plató de cine natural

Por qué el cine eligió Almería

Las productoras no llegaron por casualidad. Desde finales de los años cincuenta, los equipos de rodaje encontraron en Almería tres cosas difíciles de reunir en un mismo lugar: una luz estable y limpia durante la mayor parte del año —las normales climáticas de AEMET registran cerca de tres mil horas de sol anuales en la estación del aeropuerto—, una variedad de paisajes que permite encadenar desierto, mar, huerta y casco histórico en pocos kilómetros, y una arquitectura capaz de interpretar otras épocas y otros continentes casi sin decorados.

El resultado fue una relación duradera. Primero vinieron las superproducciones históricas y de aventuras; luego el western consolidó la fama internacional; y desde entonces películas, series y anuncios siguen usando la provincia y la capital como plató natural. La ciudad, con su milenio de historia construida a la vista, ofrece algo que ningún estudio puede levantar: una Alcazaba auténtica, una medina de calles blancas y un parque de palmeras junto al puerto.

Ciudad y provincia, otra vez. El western se rodó sobre todo en el desierto de Tabernas, que pertenece a la provincia y no al término municipal de la capital. Reducir «Almería, tierra de cine» a los westerns es quedarse con un solo capítulo: esta guía se ocupa de las plazas, los parques y las murallas de la propia ciudad, que llevan más de sesenta años cambiando de papel delante de la cámara.

La ciudad como plató, película a película

La lista de títulos rodados dentro de la ciudad sorprende incluso a muchos almerienses. Estas son algunas producciones con localizaciones urbanas documentadas por la oficina municipal de rodajes y el área de turismo:

  • Lawrence de Arabia (1962): el Parque Nicolás Salmerón, la franja de palmeras entre el puerto y el casco antiguo, forma parte de la superproducción que abrió el camino a todas las demás.
  • Patton (1970): la Plaza de la Catedral, el propio Parque Nicolás Salmerón y el Cerro de San Cristóbal prestaron sus piedras a la campaña mediterránea del general.
  • El viento y el león (1975): de nuevo el parque, junto con el Casino Cultural, ambientó el norte de África de comienzos del siglo XX.
  • Conan el Bárbaro (1982): la Alcazaba y sus murallas se convirtieron en escenario de fantasía épica.
  • Indiana Jones y la Última Cruzada (1989): la Escuela de Arte y las calles de la Almedina aparecen en la tercera entrega de la saga.
  • Risen y Juego de Tronos: ya en la década de 2010, la Alcazaba volvió a cambiar de época para el cine bíblico y la fantasía televisiva.
  • Wonder Woman 1984: el rodaje regresó a la Almedina, que sumó un papel más a su larga filmografía.

Y la nómina sigue creciendo: producciones recientes han rodado en las salinas, el puerto y las calles de la capital, del cine independiente a las plataformas. Quien pasea por las salinas de Cabo de Gata, dentro del extenso término municipal, pisa también un plató intermitente.

La misma alcazaba puede ser un reino fantástico, Tierra Santa o un decorado de aventuras: solo cambia la cámara.

Calle encalada del barrio de la Almedina, escenario habitual de rodajes en Almería
La Almedina: el barrio más antiguo de la ciudad es también uno de sus platós más constantes.

1966: John Lennon y la Casa del Cine

En el otoño de 1966, el rodaje de Cómo gané la guerra instaló en Almería a su reparto, y con él a un John Lennon que acababa de dejar los escenarios con los Beatles. Durante varias semanas vivió en una casona con jardín de la periferia de entonces, hoy rehabilitada como Casa del Cine, el museo que cuenta la relación de la ciudad con los rodajes.

Aquellas semanas almerienses coinciden con la gestación de Strawberry Fields Forever, que Lennon empezó a esbozar durante el rodaje. La tentación de escribir que la canción «nació en Almería» es comprensible, pero conviene contarlo con prudencia: la estancia forma parte del paisaje emocional en el que la pieza comenzó a tomar forma, y eso ya es bastante para la memoria musical de la ciudad.

Bodegón de 1966 junto a una ventana: guitarra acústica, cuaderno manuscrito, bobinas de película y claqueta
Bodegón evocador de 1966: guitarra, cuaderno y celuloide.

La otra banda sonora: la guitarra de Antonio de Torres

Si el cine llegó a Almería buscando la luz, la música salió de un taller. Antonio de Torres (1817–1892) nació en La Cañada de San Urbano, hoy una barriada del municipio de Almería entre la ciudad y el aeropuerto. Carpintero y guitarrero, trabajó entre Almería y Sevilla y firmó los instrumentos que transformaron un utensilio popular en el instrumento de concierto que hoy conocemos.

A Torres se le atribuye haber fijado las proporciones y los principios constructivos de la guitarra clásica moderna: la caja de mayor tamaño, la plantilla que todavía se copia y la atención decisiva a la tapa armónica como corazón sonoro del instrumento. Cuando un luthier de Tokio, Madrid o Chicago dibuja hoy una guitarra española, sigue dialogando con las medidas de aquel taller.

La ciudad conserva ese hilo en dos espacios: la casa-taller de La Cañada, convertida en espacio expositivo, y el Museo de la Guitarra Antonio de Torres, en el centro urbano, que recorre la historia y la construcción de la guitarra española. Las condiciones de visita cambian según la temporada; consúltalas en las páginas oficiales enlazadas en las fuentes.

El flamenco de Levante: taranta y taranto

El flamenco almeriense pertenece a los cantes de Levante, la familia que creció con las cuencas mineras del sureste peninsular. De esa matriz, la taranta nació en el área almeriense: un cante libre, sin compás fijo, con la voz honda del trabajo en la mina. Su forma de ritmo marcado es el taranto, asociado a Almería y adoptado también por el baile.

Ese repertorio no vive en vitrinas. Las peñas El Taranto y El Morato acogen recitales y mantienen viva una afición exigente, y el Festival de Flamenco y Danza suma nombres de primera fila al calendario cultural de la ciudad; las fechas y los carteles cambian con cada edición, así que conviene consultar la programación oficial antes de organizar la noche.

Merece la pena verlo como lo que es: una práctica actual y rigurosa, no una silueta decorativa. Una noche de peña —cante, toque, silencio y jaleo en su justa medida— explica la ciudad tan bien como cualquier monumento, y enlaza con el resto del calendario festivo y tradicional.

Manos de un luthier trazando la roseta de una guitarra en su taller
Cantaor y guitarrista compartiendo una noche de flamenco en una peña
El taller y la peña: la guitarra se construye en silencio y se templa de noche.

Nombres propios, del aula a la peña

La cultura almeriense del siglo XX no se explica sin algunos nombres. Celia Viñas, profesora y poeta llegada a la ciudad en los años cuarenta, convirtió el aula en un motor de vida cultural para varias generaciones. Jesús de Perceval articuló a mediados de siglo el movimiento indaliano, que devolvió la luz, los paisajes y las gentes de Almería al centro de un lenguaje artístico propio; su rastro se sigue hoy en el Museo de Arte Doña Pakyta.

El emblema que adoptó aquel grupo, el Indalo, procede del arte rupestre de la provincia y se ha convertido en símbolo provincial por adopción. Conviene usarlo con contexto: verlo en los escaparates del centro no lo convierte en un blasón nacido en la capital, sino en una tradición identitaria compartida por toda la provincia.

La poesía también eligió estas calles: José Ángel Valente, una de las voces mayores de la lírica española contemporánea, hizo de Almería su lugar de retiro y escritura, y su casa de la Almedina se visita hoy como Casa del Poeta.

La banda sonora reciente confirma que la ciudad sigue sonando: los guitarristas flamencos Tomatito y Niño Josele nacieron en Almería, igual que el cantante David Bisbal, criado en la ciudad antes de llenar escenarios internacionales. Manolo Escobar, en cambio, nació en El Ejido: almeriense de provincia, no de capital, una distinción que en esta tierra importa.

Ver y escuchar la ciudad hoy

Para convertir esta guía en plan, estos son los espacios que sostienen la memoria del cine y de la música:

  • Casa del Cine: los rodajes en la ciudad y la estancia de John Lennon, contados en la casona donde vivió en 1966.
  • Museo de la Guitarra Antonio de Torres: historia y construcción de la guitarra española, en el centro urbano.
  • Casa-taller de Antonio de Torres, en La Cañada: el origen del oficio en su barriada.
  • Peñas El Taranto y El Morato: el flamenco de Levante en su hábitat natural.
  • Alcazaba y Almedina: las principales localizaciones de rodaje se recorren a pie en una mañana.

Antes de ir: horarios, tarifas, reservas y programaciones cambian con las temporadas y las ediciones. Esta guía no publica datos prácticos que caducan: consulta siempre las páginas oficiales enlazadas en las fuentes.

Si quieres encajar estas visitas en una ruta de 24, 48 o 72 horas, los itinerarios proponen tres maneras de ordenar la ciudad; y entre museo y peña, pocas cosas explican mejor Almería que una mesa de tapas.

Fuentes

Esta guía sintetiza fuentes institucionales; los datos puntuales (localizaciones de rodaje, museos, cantes y personajes) proceden de ellas.